09
Mar
2016

Podemos y la interminable política pop

No creo que haya que ridiculizar la petición de que el Congreso de los Diputados se llame Congreso de los Diputados…y Diputadas, ni tampoco pienso que haya que ponerse en plan irónico porque en Valencia pongan iconos de mujer en los semáforos, ni por supuesto pienso que haya que hacer un mundo porque Carolina Bescansa se llevara a su bebé al Congreso el primer día de la legislatura, ni me parece que haya que rasgarse las vestiduras porque se quiera vestir a los Reyes Magos como si estuviéramos en un carnaval de raíces étnicas, ni me voy a sorprender porque Pablo Iglesias quiera darse un beso en la boca con el representante de Podemos en Comú para salir en las televisiones.

Ahora bien, unos meses después de su llegada a las instituciones, sí que es lícito preguntarse si formaciones como Podemos van a seguir centrados en esta especie de populismo de última generación, van a seguir dedicándose a buscar sus minutos de gloria o a remarcar que son diferentes a los demás o si, por fin, van a poner el acento en las políticas que sí le interesan a esa gente de la que tanto les gusta hablar.

Es decir, si han venido a hacer política.

No me parece mal que en Podemos quieran parecer diferentes, ni tampoco que entiendan que la política, a estas alturas del siglo, es un espectáculo en el que los gestos cuentan mucho, pero tengo la sensación de que esta política de pensamiento pop de 24 horas al día no puede mantenerse en el tiempo sin que venga acompañado de algo más.

Aunque les moleste, a ellos les van a terminar midiendo por el mismo rasero que a los demás. Y eso significa que, a la hora de examinarles, los ciudadanos van a exigirles lo mismo que a esos demás partidos, esto es, que se dediquen a arreglarles los problemas, no que centren sus esfuerzos en hacer de la política un espectáculo diseñado para salir en las televisiones o para ganar seguidores en las redes sociales.

Al fin y al cabo, a la política se viene a intentar transformarla, no a maquillarla.

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