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La vuelta a la oficina

Después de varios meses confinados, teletrabajando y de vacaciones, muchos ya empezamos a recobrar la llamada «nueva normalidad«.

Lo primero ha sido la vuelta al cole y después ha venido la vuelta al trabajo. Con más medidas de seguridad, mascarilla, distancias, consolas, separaciones y la menor interacción posible. Pero parece que los empresarios quieren que la gente vuelva al trabajo.

Las oficinas ya no son así
Las oficinas ya no son así

Estoy seguro de que no se revisará el rendimiento, ni si ha mejorado o empeorado. En este país hay cosas que no cambian.

Una de ellas es que ver a la gente en el puesto de trabajo, es sinónimo de que está trabajando o al menos de que no está ganduleando. Mirar al final del día lo que ha hecho o si ha rendido suficiente es algo secundario. Lo importarte es aparentar.

Cuando oímos como son las oficinas de las startups tecnológicas en Sillicon Valley todo eso nos parece un mundo aparte. Juegos, comida gratis, compañerismo, sofás,…

Otra de las cosas de este país que habría que hacérselo mirar es lo de los resultados a corto plazo. Los rendimientos para hoy es lo que se valora. Cuando un directivo o un mando hace algo con resultados inmediatos, se le valora. Si hace algo que va a largo plazo, ya se le mira mal.

El pensamiento que se tiene es de que si yo hago algo ha de verse los resultados. La gente no se plantea hacer algo para que los resultados sean a largo o medio plazo, porque a saber quien está en ese momento y quien se lleva el mérito, que no seré yo, el ideario, sino el que esté al mando en ese momento.

Y en la parte política pasa exactamente lo mismo. No hay proyecto a plazos mayores de lo que queda de candidatura. Por eso la inversión en I+D en España es mínimo, es invertir para ganar tarde, y si se gana. Si inviertes 10 y ganas en 1 ya rentabilizas, pero lo primero, te echan en cara los 9 «fracasos» y segundo, el que sale bien, se lleva otro el mérito.

Y por ejemplo la inversión en turismo, gente que HOY deja dinero, es lo que gana.

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Los 10 monos en la jaula que no se comen el plátano

A raíz de la historia del mono que escribía El Quijote de la semana pasada, nos hemos dado cuenta en la ofi que hay muchas historia con monos y que se hacen muchos experimentos con monos. Me han contado uno que es genial.

El mono escritor
El mono escritor

La historia de los monos

El experimento empieza con 10 monos metidos en una jaula.

A los monos se les pone una escalera en el centro de la jaula y se les pone en un momento dado un plátano en la parte superior. Rápidamente todos los monos intentan subir por la escalera a por el plátano, pero en el momento en que lo hacen, se les castiga enchufándoles con una manguera a toda presión y el agua helada.

El castigo no gusta a los monos y acaban por dejar de coger el plátano, ninguno se acerca ya a él tras varias veces de intentarlo y obtener el castigo.

En ese momento, se saca uno de los 10 monos originales de la jaula, metiendo uno nuevo. Osea, hay 9 de los monos originales y uno nuevo.

En el momento en que se pone el plátano en la escalera, aunque los veteranos no hacen ni caso, el mono nuevo, que no sabe de qué va la cosa, se lanza a por el plátano. Los demás en cuanto se dan cuenta de lo que intenta hacer y del castigo que van a recibir todos por culpa suya, se lanzan contra el mono, tirándole de las patas para que se baje y pegándole para que intente volver a subir.

El mono nuevo no entiende nada, pero tras varias palizas aprende la lección y no vuelve a intentar ir a por el plátano.

Entonces se saca de la jaula otro de los 9 monos originales y se mete uno nuevo. El nuevo, en cuanto ve el plátano se lanza a por él, con lo que recibe la paliza obvia del resto de monos, incluido el que no estaba entre los 10 originales.

Una vez el mono nuevo ya no va a por el plátano se realiza la misma operación y se saca a otro de los monos originales metiendo uno nuevo.

Se realiza la misma operación hasta que en un momento dado, se saca de la jaula al último de los 10 monos originales y se mete a uno nuevo con los 9 monos restantes, que ya ninguno es de los iniciales.

Como en todos los casos, el mono nuevo se lanza a por el plátano y el resto de monos le impiden cogerlo pegándole y obligando a bajarse.

Pero ojo a lo que está sucediendo, porque ninguno de esos 9 monos que están agrediendo al nuevo ha llegado a ser castigado por coger el plátano. Ninguno de ellos sabe lo que pasará si el otro coge el plátano, pero la experiencia les ha dicho que no se puede coger el plátano. Están repitiendo lo que han visto hacer a los otros monos, pero sin conocer realmente la causa.

Moraleja

Esta historia lo que nos enseña es que a veces actuamos por costumbre, sin plantearnos realmente porqué hacemos las cosas, simplemente «porque son así».

Estas cosas se aprovechan también en marketing para hacernos pasar por monos,… pero esos son otros asuntos.

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La fábula de los chimpancés y la máquina de escribir

Hoy en la oficina ha salido el dicho de los chimpancés y la máquina de escribir y no han tardado en crearse 2 bandos, uno a favor y otro en contra. Pero empecemos por el principio.

El dicho

¿De qué va la historia, o el dicho? Digo dicho porque es más una curiosidad que una historia. Dice que si encerrases a 100 monos aporreando sendas máquinas de escribir, sin sentido, solamente pulsando teclas al azar, y se les dejase así, con el tiempo, alguno de ellos escribiría por azar El Quijote.

También se le conoce como la teoría del mono infinito.

Entran las estadísticas al escenario

Estadísticamente hablando, y con un tiempo infinito, se supone que esto llegaría a suceder en algún momento.

En la discusión que se ha formado, unos estaban de acuerdo, porque es algo que sobre el papel podría llegar a ocurrir. Y es que la teoría lo agunta todo.

Pero uno de los compeñeros, programador, a lo largo de la mañana ha hecho un programita supersencillo que iba escribiendo de forma aleatoria pequeñas palabras de 6 letras y en el rato que lo ha ejecutado no ha sacado nada decente, lo que ha dado la razón a los que decían que por mucho que en teoría se pueda llegar a dar, en la práctica es imposible.

Otra de las teorías ha sido la que a todos nos ha sucedido. Un día jugando al fútbol, al baloncesto, a los dardos o a tirar un palo, le has dado o se ha quedado el balón o el palo enganchando en un sitio que parece imposible. Por muchas veces que intentes tirar de nuevo para volver a dejarlo en el mismo sitio, no vuelve a suceder.

Las cosas pasan por casualidad, pero es muy difícil que se vuelvan a repetir con todos los condicionantes iniciales. Yo era de los que estaba en contra.